José Luis Lezama. La discriminación también tiene posgrado
Por: Carlos Ríos Espinosa* 2011-05-23
Recuerdo que cuando yo cursaba la secundaria, a mediados de los años setenta, un compañero de clase, con ocasión de un examen de biología en el que yo obtuve ocho y a él lo habían reprobado, inopinadamente me espeto: “lo que pasa es que como tú tienes una discapacidad, el profesor te tiene lástima y por eso te aprobó.” Más que enojo, el comentario suscitó en mí un sentimiento de inseguridad y desconcierto, ¿será eso lo que en realidad sucedió, me preguntaba? No fue esa la primera ni la última vez en mi vida que me enfrenté a un fenómeno social que es muy común que le ocurra a las personas con discapacidad: el estigma.
El estigma es una etiqueta social que alimenta un prejuicio reproductor de un entorno cultural que, a la vez, descalifica y excluye a un determinado sector de personas que poseen un atributo asociado con una característica que es valorada como negativa. El atributo puede ser de muy variada naturaleza, puede tratarse de un impedimento físico o intelectual, un “defecto” de carácter, la preferencia sexual, entre otros. Como quiera que sea, el estigma construye referentes sociales de interpretación, y en buena medida, también la propia identidad social de los sujetos que lo padecen. En ocasiones las personas se empiezan a identificar con su etiqueta y ésta se reproduce.
El estigma en todo caso, cuando está muy difundido en la sociedad, permite la proliferación de actitudes sociales que consideran “normal” el trato que se da personas que tienen unas características determinadas y que, en el fondo, no es sino discriminación. Las actitudes discriminatorias, de acuerdo con la última encuesta que realizó el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, CONAPRED (ENADIS, 2011), tienden a intensificarse con los bajos niveles de escolaridad.
Por eso es que sorprende que el señor José Lezama, que tiene un título de posgrado por la University College de Londres, se atreva a escribir una serie de adjetivos descalificadores del físico inglés Stephen Hawking con motivo de las posiciones que éste sostiene sobre la existencia de dios (Stephen Hawking Superstar, “Reforma”, 21 de mayo de 2011).
Dice Lezama, en síntesis, que los argumentos de Hawking no son para nada nuevos y extraños a la historia de la ciencia, el único motivo por el que Hawking tiene tanta notoriedad, continúa Lezama, es que “la naturaleza de su enfermedad, que lo tiene postrado en una silla de ruedas, sin posibilidad de movimientos musculares, la sofisticada tecnología computacional utilizada para su comunicación con el mundo que lo rodea, así como su abordaje y comunicación de los temas científicos sobre las preguntas básicas del ser humano, le confieren a su palabra una seductora autoridad.” (Énfasis añadido)

Más aún, añade el señor Lezama, los argumentos de Hawking no encierran algo desconocido para la ciencia, la “diferencia es que dichas por Hawking y por la aureola que lo rodea, magnificada por los medios, manejada como un conflicto entre ciencia y religión, entre verdad y mentira, como se muestra en muchos de los medios, permite a todos vender sus productos en el mercado mediático: Hawking vende sus libros, la radio, la televisión y los periódicos aumentan ratings y ganancias, y el Internet florece.” Sólo le faltó decir que su éxito se debe al morbo de los medios.
Los planteamientos de Stephen Hawking, distan mucho de ser trivialidades, por poco originales que le puedan parecer al señor Lezama. ¿No sería mejor, como decía Brentano, ir a las cosas mismas, y discutir el fondo de la cuestión, en lugar de intentar descalificar al adversario intelectual por el hecho de tener una discapacidad y gustarle el micrófono? Finalmente Hawking tiene mucho que decir, basta con leer la Breve historia del tiempo.
Casi al final de su columna, Lezama esboza el bosquejo de un argumento –¿o es más bien del rabino Lord Sacks?-, consistente en indicar que la ciencia busca explicar la realidad y la religión darle sentido. No está mal la idea, tampoco puede decirse que esté muy bien, tal vez podría haberlo elaborado un poco más si el autor no hubiera gastado tanta tinta en denostar a Stephen Hawkins por ser popular.
Ya para terminar, Lezama parece hacer una apología del mundo encantado, y criticar el proceso de desencantamiento de la modernidad. Bien por él. Pero si el encantamiento incluye la proliferación de estereotipos y de prejuicios, que fomentan un imaginario en el que la discapacidad aparece como un fenómeno morboso que atrae la atención de los medios, me quedo con el universo sin dios y desencantado de Stephen Hawking. A él no creo que le causen ninguna inseguridad los comentarios del señor Lezama.
En caso de tener algún comentario para el señor Lezama, sugiero que le escriban. Su correo es jlezama@colmex.com
*Carlos Ríos Espinosa es miembro del Comité de Expertos de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y consejero de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (ciudad de México).
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