La vida diaria con mi amor ciego
Por: Por: Andrea Murguía 2012-06-04
Marcos mi compañero invidente, me ha acompañando en todo el emprendimiento de “M&A Lasaña y Obsequios” desde que comencé a principios de este año. Tengo su apoyo y no sólo el cariñoso, él me apoya acompañándome a investigar, en el proceso creativo y a surtir también.
Hace unos días estábamos esperando a que terminaran de pintar las macetas que encargué. Después de unos minutos no tenía otra cosa que hacer más que pasear viendo lo que normalmente no tengo tiempo de observar. La verdad me distraje un muy buen rato sin aburrirme con la larga espera. Marcos aprovechó para preguntar si tenían orquídeas porque tiene curiosidad de saber cuáles son. La encargada me mostró con la mirada dónde se encontraban, pero tuve que decirle a Marcos que no podía enseñárselas. Las vi tan delicadas que me dio la impresión de que podrían maltratarse con un simple toque y además escuché el precio que le daban a un cliente. La encargada no me corrigió, así que Marcos se quedó con la curiosidad.
Mientras escribo, reparo en que me hubiera atrevido a mostrársela, le hubiera advertido y seguramente hubiera suavizado su toque. A veces, me pasa eso, soy más racional que sensible. Es algo en lo que he estado trabajando. El cambio me ha dado grandes satisfacciones, pero se me olvidó en esta ocasión. La próxima orquídea, la tomaremos.
Más tarde mientras comíamos, un pensamiento rondaba mi cabeza: yo me entretuve viendo otras plantas, notando la inmensa diversidad y observando sus detalles. Marcos me esperaba sentado. Le acercaron un trébol por el que preguntó y medio lo tanteó, supongo porque se veía de tallos altos yfrágiles. En la casa también le he mostrado las plantas que estoy vendiendo y al ponerlas en su mano, le platico cómo sonlos diseños que logro con las piedras de diferentes colores y tamaños.
Pero no puede tocar una imagen… tiene que imaginar el diseño, esta vez el tacto no es de ayuda. Y tuve que preguntar–Marcos, ¿cuándo dejaste de sentir frustración por no poder ver lo que tienes en las manos y quieres conocer?- le pregunté abruptamente. Él me preguntó a su vez de dónde venía mi duda. –Porque te enseño las plantas y no veo que te desespere o moleste que no puedas verlas- le expliqué. –Sí, en verdad, no necesito verlas. Con que las pueda tocar me doy una idea y no necesito más. –¡Exacto! Creo que al principio te debió haber costado mucho trabajo acostumbrarte a que no tenías ya acceso a ese modo de conseguir información. Pienso que si yo un día no pudiera ver, constantemente sentiría frustración frente a la inercia de mi cuerpo por buscar información con la vista y no obtenerla- le compartí. –Pues no recuerdo si al principio me sentí así. Pero ahora no siento para nada esa necesidad- confirmó.
Me sentí muy bien al escucharlo. Sentí como una sensación de alivio, seguridad, tranquilidad, orgullo yadmiración. Saber que una situación grave o complicada es superada en algún momento de la vida por alguien que conoces, alguien que amas, alguien como tú. Siento que aunque no quisiera perder la vista o ningún sentido, al mismo tiempo tengo la confianza y la experiencia de mi compañero en caso de pasar por una experiencia de este tipo. Y si él superó esta pérdida ¿por qué una orquídea no superaría un suave toque?
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¿Quién es Andrea Murguía?
Estudié Ciencias de la Comunicación. Me gusta fotografiar detalles e instantes únicos. Junto con mi compañero de vida, Marcos Velázquez he ofrecido por nueve años la conferencia En Contacto con la Ceguera, en donde hablamos sobre la experiencia de él al perder la vista durante su adolescencia. Acercamos el tema de la discapacidad visual a la percepción de la realidad social de las personas con la intención de cambiar la idea y la actitud. Debido a esta labor estudié Locución y expresión verbal para mejorar mi desempeño en acción.
Recientemente descubrí que escribo. Por muchos años escribí en mi mente. Repasaba oraciones en mi cabeza que pensaba que se escucharían bien si yo fuera escritora. Soy comunicadora y ahora entiendo que no sólo puedo transmitir los mensajes que pertenecen a los demás, sino también los propios y encuentro en la escritura una forma natural de hacerlo.

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