La muerte del dictador y genocida argentino, Rafael Videla, ocurrida el pasado 16 de mayo puso al día las historias y los testimonios sobre sus crímenes en el oscuro período de 1976 a 1981, años de dura represión una de cuyas manifestaciones más infames fue la desaparición forzada de más de 30 mil personas, además de las ejecuciones extrajudiciales y el robo de bebés hijos de sus víctimas, a quienes se les cambió la identidad y fueron entregados a familias ligadas al Ejército.
En este contexto, el destacado periodista Miguel Bonasso ha echado luz de nueva cuenta sobre otro crimen del personaje: “Videla desapareció a su propio hijo”, recuerda en su blog retomando lo que él mismo publicó en junio de 1998. El militar tuvo un hijo con discapacidad mental al que hizo invisible al internarlo en los sesentas en una institución psiquiátrica que tenía la reputación de ser “un depósito de cadáveres”. Toda clase de vejámenes, que no eran exclusivos de ese lugar ni de ese país, se repetían en los manicomios en todo el mundo.