Estábamos en casa de su hermano. Extrañamente tenía en mis manos el control de la televisión. Le cambiaba de canal cuando escuché una guitarra peculiarmente espectacular. Al ver la escenografía parca y sin chiste ya estaba en el siguiente canal, fue en realidad el sonido lo que me hizo volver. También, extraño fue que no me obligaran a cambiar mi elección ya que las películas mexicanas “de estreno” -como dice Marcos, mi compañero invidente- son casi lo único aceptado por aquellos rumbos mexiquenses. Marcos disfrutó igual que yo mientras duró el programa. Y como no teníamos lápiz, prometimos recordar el nombre de los músicos.
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